Jorge Luis Arellanez Hernández
febrero de 1995
La importancia de la angustia en el
estudio de las neurosis y por ende en el psicoanálisis es innegable, Freud
dedicó una parte importante de su obra a tratar de conocer donde se origina,
como se desarrolla y hasta que repercusiones puede generar su expresión o
inhibición en el psiquismo humano.
Esa angustia que como el mismo Freud
apuntó “todos habéis experimentado, aunque sólo sea una vez en la vida"[1] ha sido definida
por él mismo en uno de sus trabajos como "un estado afectivo, o sea, una
unión de determinadas sensaciones de la serie placer-displacer con las
inervaciones de descarga a ellas correspondientes y su percepción, pero
probablemente el residuo de cierto acontecimiento importante incorporado por
herencia, comparable, por tanto, al acceso histérico individualmente
adquirido."[2]
Si se analizara esta definición,
precisando algunos de los conceptos que parecen ser claves, se entendería mejor
lo que quiere decir Freud. Inicialmente plantea que la angustia es un estado
afectivo, pero, para él mismo, ¿qué es un estado afectivo? En sus lecciones
Introductorias al Psicoanálisis, en la lección XXV, aunque reconoce la
complejidad del término lo define como "determinadas inervaciones o
descargas, y además ciertas sensaciones. Dando una importancia especial a estas
últimas menciona dos clases: percepciones de acciones motoras realizadas, y
sensaciones directas de placer y displacer que imprimen al estado afectivo lo
que pudiéramos llamar su tono fundamental"[3].
Haciendo referencia a la carta 52, y parte
del proyecto, se puede apreciar como estas inervaciones o descargas son parte
de una energía que proviene de dentro del sujeto ( son parte de la energía
sexual interna conocida como libido ), en donde tratan de manifestarse hacia el
exterior. Por otra parte, las sensaciones funcionan como la capa intermediaria
entre la fuerza interna que trata de manifestarse y la fuerza externa que va
hacia el interior del sujeto, dando como resultado las sensaciones de placer y
displacer que como dice Freud son la expresión fundamental del estado afectivo
acompañadas de acciones motoras (huida, escape o ataque)
Ahora, será que al existir una energía
interna que al quererse expresar no lo puede hacer por haber otra energía que
es externa y más fuerte que rompe el equilibrio, desviándose la energía interna
hacia el mismo sujeto, así es como surge la angustia?, pareciera ser que sí,
pues está ejemplificado con el momento del nacimiento, en donde el equilibrio
que existía en el vientre materno se ve bruscamente alterado por la separación,
por un conjunto de afectos de displacer, de tendencias de descarga y
sensaciones físicas que constituyen el prototipo de la acción de un grave
peligro que se ejerce sobre el recién nacido. Siendo por tanto esta la primera
impresión que produce el estado afectivo de angustia.
Es aquí adonde Freud establece el
concepto de "angustia real" (reflejo de fuga y manifestación del
instinto de conservación), considerada "como innata, a título de
predisposición hereditaria. Siendo así, continúa diciendo no haría el niño sino
reproducir la actitud del hombre primitivo, que por su ignorancia y falta de
medios de defensa hubo de experimentar angustia ante todo aquello que resultaba
nuevo para él"[4].
Aunque inicialmente acepta tal cual el
término de angustia real, y lo diferencia de la angustia neurótica en que esta
es un estado general de angustia (flotante), que es asociada a determinados
objetos o situaciones, y que cuando no se puede controlar se le denomina
neurosis de angustia.
Existen diversas formas de manifestar
la angustia neurótica, tal es el caso de las fobias, las obsesiones y los
rasgos histéricos, tales formas de manifestación son considerados como
síntomas. "Los síntomas no se forman sino para impedir el desarrollo de la
angustia, que sin ellos sobrevendría inevitablemente"[5]. Hay que hacer
notar que entre el desarrollo de la angustia y la producción de síntomas ambos
se representan y reemplazan mutuamente.
Por otra parte, hay que resaltar, que
Freud cita un elemento importantísimo que contribuye al posible origen de la
angustia neurótica, siendo este elemento la frustración sexual es decir la
aparición en la aplicación en los problemas de la libido. Freud pudo comprobar
que las neurosis desaparecían en cuanto el sujeto renuncia a la restricción
sexual.
Posterior a esto, Freud empieza a tener
ciertas dudas en qué tan innata es la angustia real; aunque no lo expresa
fielmente en sus textos, parece ser que la divide en dos: una parte innata
(caracterológica), y otra parte externa (aprendida), pues al referirse a la
angustia infantil menciona que "no podemos menos que advertir que no todos
los niños se hallan sujetos a la angustia en la misma medida. Y en aquellos que
manifiestan una angustia particular ante toda clase de objetos y de situaciones
son precisamente los futuros neuróticos."[6]
Empieza a darse cuenta de que "El
niño no parece hallarse sujeto a la verdadera angustia real sino en mínimo
grado"[7], parece que
"sólo a fuerza de educación acaban los adultos por despertar en el niño la
angustia real, pues, naturalmente, no puede permitirse que se instruya por
experiencia personal"[8].
Lo referido anteriormente, da pauta a
pensar que entonces la angustia real se genera a partir de una situación
traumática (que tenga como punto de referencia una representación) al igual que
la angustia neurótica, esto es, que independientemente del componente
constitucional que siempre esta presente, la diferencia estriba en el
significado que el niño le atribuya a determinada situación vivida, es decir, a
la carga de angustia que se deposita a ese evento., Entonces "resulta
inexacto afirmar que la angustia neurótica es un fenómeno secundario y un caso
especial de la angustia real, pues la observación directa del niño nos muestra
algo que, conduciéndose como angustia real, tiene con la angustia neurótica un
esencialísimo rasgo común: la procedencia de una libido no empleada"[9]. Por tanto
"la angustia infantil no tiene casi ningún punto de contacto con la
angustia real y se aproxima, por lo contrario, considerablemente a la angustia
neurótica de los adultos"[10].
Además de la angustia real y la
angustia neurótica, Freud menciona un tercer tipo de angustia, la angustia de
la conciencia moral, la cual al igual que las dos anteriores se va a producir
por representaciones (pensamientos o ideas) que impacten de manera importante
determinado objeto o situación.
"Hemos acogido como una
correspondencia deseada el hecho de que las tres clases principales de angustia
la angustia real, la neurótica y la de la conciencia moral pueden ser tan
adecuadamente referidas a las tres dependencias"[11] de la estructura
psíquica, deduciéndose entonces que al angustia real estará mas en relación con
el Ello, la neurótica con el Yo
y la de la conciencia moral con el Superyo.
[1] Freud, S.;
OBRAS COMPLETAS, TOMO III; NUEVAS LECCIONES INTRODUCTORIAS AL PSICOANÁLISIS;
LECCIÓN XXV, PP. 2367
[2] FREUD, SIGMUND; OBRAS COMPLETAS, TOMO III; NUEVAS LECCIONES
INTRODUCTORIAS AL PSICOANÁLISIS; LECCIÓN XXXII; PP. 3146
[3] FREUD, SIGMUND; OBRAS COMPLETAS, TOMO II; NUEVAS LECCIONES
INTRODUCTORIAS AL PSICOANÁLISIS; LECCIÓN XXV; PP. 2368-2369
[4] FREUD, SIGMUND; OBRAS COMPLETAS, TOMO II; NUEVAS LECCIONES
INTRODUCTORIAS AL PSICOANÁLISIS; LECCIÓN XXV; PP. 2375
[5] OP.
CIT. pp. 2374
[6] OP.
CIT. PP. 2375
[7] OP.
CIT. PP.2376
[8] OP.
CIT PP.2379
[9] OP.
CIT PP.2381
[10] OP.
CIT PP.2381
[11] OP. CIT PP.2382
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