Algunas reflexiones acerca de La carta 52 de Sigmund Freud

Jorge Luis Arellanez Hernández
Agosto de 1993

La facilidad de Freud para expresar sus ideas a lo largo de sus obras, es una característica que hay que reconocer. Sin embargo, así como en muchos de sus trabajos es poco complejo para entenderlo, en algunos otros resulta francamente difícil; tal es el caso del proyecto de psicología para neurólogos y algunas de sus cartas con Wilhelm Fliess (como el caso de la carta 52), en donde Freud prepara el terreno para algunas de sus aportaciones teóricas más importantes (la estructura psíquica, 1a. tópica).
Si bien ambas obras contienen un alto grado de dificultad para su entendimiento, bien es cierto que ya en ese tiempo (1896) Freud tenía en mente una serie de especulaciones que pronto lo llevarían a romper con su pensamiento médico y a pensar que solamente se podría entender el comportamiento del ser humano mediante esquemas hipotéticos. De esta manera no sólo se rompería el pensamiento médico, sino que nacería el del psicoanalista.
El trabajar con esquemas (como los expuestos en la carta 52), algo que personalmente me llama la atención en este autor, permite entender la evolución de su pensamiento, así como su preocupación inicial por ubicar en alguna parte del organismo los componentes psíquicos. Considerando en primera instancia una serie de clasificaciones para las neuronas (P, Ps, Ic, Prc, Coc), entendiéndolas como entes en los cuales se van dando una serie de escrituraciones (huellas mnémicas) para cada tipo de actividad de conducta y de pensamiento. Cabe resaltar que este tipo de escrituraciones perdurará en el inconsciente, y que aún más, muchas de ellas ni siquiera estarán en él.
El primer esquema de la carta 52, podría tomarse como un modelo que no sólo sirve para explicar la primera tópica de la estructura psíquica, también puede pensarse o esta es detenida por diferentes barreras, que a la vez que disminuyen la carga de energía se expresa de una manera enmascarada. De lo contrario ¿qué pasaría? ¿Cuál sería el comportamiento del hombre si no se llevaran a cabo estas tramitaciones de disminución de energía interna? ¿Nos destruiríamos por dejar salir los deseos de muerte, o sucedería lo contrario, o ambas cosas?


Pareciera ser que la última pregunta es realmente una respuesta pues para Freud, el hombre empezó a ser hombre y diferenciarse de las demás especies por controlar esa energía interna (instintual), para dar paso a la cultura, a la evolución humana. 
Interesante reflexión esta, pues hay que recordar mientras más se enriquece la cultura y la evolución misma del hombre, no deja de expresar esos instintos primitivos, ¿sería este el caso del festejo de fut‑bol tan desenfrenado que se da por haber ganado la selección de México?

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