SÍNTESIS DEL TRABAJO
CONCEPTO PSICOANALÍTICO DE LAS
PERTURBACIONES PSICÓGENAS DE LA VISIÓN
SIGMUND FREUD
(1910)
Jorge Luis Arellanez Hernández
Diciembre de 1993
En el presente artículo Freud aborda la
temática del posible origen de la autosugestión, es decir, del resultado (enfermedad)
que pueden tener algunas personas (en este caso los histéricos) como
consecuencia de los conflictos del Yo con sus deseos inconscientes.
Inicia éste artículo comparando la
importancia de los fenómenos inducidos -los hipnóticos- de los que surgen de
manera “espontánea o natural” como en el caso de los histéricos. Haciendo
referencia a la escuela francesa -Charcot,
Jeanet, Binet- Freud menciona que es posible provocar experimentalmente la
ceguera en una persona asequible al sonambulismo. Sin embargo, en la persona
histérica, la idea de estar ciega no nace de la sugestión del hipnotizador,
sino espontáneamente, o, según suele decirse, por autosugestión, y esta idea es
en ambos casos tan fuerte que se convierte en realidad.
De esta problemática, Freud planea
algunas preguntas para ir explicando el origen de este fenómeno:
La primer pregunta planteada es en
cuanto a ¿Cuándo y bajo qué
condiciones adquiere una representación la intensa energía necesaria para
conducirse como una sugestión y transformarse, sin más, en realidad? Esto se puede responder sólo con
el auxilio del concepto de lo inconsciente, pues de otra manera, se tendrían
algunas limitaciones.
Los atacados con ceguera histérica son
ciegos para la conciencia; en lo inconsciente continúan viendo. Los
descubrimientos de este orden son precisamente los que nos obligan a
diferenciar los procesos anímicos en conscientes e inconscientes.
¿Cómo, pues, desarrolla el sujeto la
“autosugestión” inconsciente de estar ciego, si precisamente en lo inconsciente
continúa viendo?
Los investigadores franceses han
declarado que en los enfermos predispuestos a la histeria preexiste una
tendencia a la disociación -a la disolución de la coherencia del suceder
psíquico- a consecuencia de la cual algunos procesos inconscientes no se
extienden hasta lo consciente. Los histéricos no ciegan a causa de la
representación autosugestiva correspondiente, sino a consecuencia de la
disociación entre los procesos inconscientes y los conscientes en el acto de la
visión; su idea de no ver es la expresión exacta de la situación psíquica y no
la causa de tal situación.
El psicoanálisis acepta también las
hipótesis de la disociación y de lo inconsciente; pero establece en ellas una
distinta relación. Cuando un
grupo de representaciones permanece encerrado en lo inconsciente, no
deduce de ello una incapacidad constitucional para la síntesis, manifiesta
precisamente en esta disociación, sino afirma que una posición activa de otros
grupos de representaciones han
producido el aislamiento y la inconsciencia del grupo primero. Da al proceso
que ha sometido a uno de los grupos a tal destino el nombre de “represión”, y
reconoce en él algo análogo a la condenación de un juicio en el terreno lógico.
Si los trastornos psicógenos de la
visión reposan, como hemos hallado, sobre el hecho de que ciertas
representaciones enlazadas a la visión permanecen alejadas de la conciencia, la
opinión psicoanalítica habrá de suponer que tales representaciones han entrado
en pugna con otras más fuertes, a las que reunimos bajo el nombre del Yo como concepto común, diferentemente
compuesto en cada caso y han sucumbido así a la represión.
¿De dónde puede proceder tal pugna,
conducente a la represión, entre el yo y ciertos grupos de representaciones?
La síntesis de las representaciones no
son sino la expresión de las luchas entre los diversos instintos. Muy
importante para nuestra tentativa de explicación es la innegable oposición
entre los instintos puestos al servicio de la sexualidad y de la consecución
del placer sexual y aquellos otros cuyo fin es la conservación del individuo o
instintos del Yo.
La cultura nace esencialmente a expensas
de los instintos sexuales parciales y éstos han de ser sojuzgados,
restringidos, transformados y orientados hacia fines más altos para establecer
las construcciones anímicas culturales.
Otro valiosísimo resultado de estas
investigaciones fue el descubrimiento -que nuestros colegas se resisten aún a
reconocer- de aquellas enfermedades a las que se da el nombre de “neurosis” han
de ser referidas a las múltiples formas de fracaso de estos procesos de
transformación de los instintos sexuales parciales. El Yo se siente amenazado por las
aspiraciones de los instintos sexuales y se defiende de ellos por medio de
represiones, las cuales no logran siempre el efecto deseado y tienen entonces
por consecuencia la formación de peligrosos productos, sustitutivos de los
reprimidos y de penosas reacciones del Yo a una represión del instinto
sexual parcial correspondiente.
Parece como si el Yo llevara demasiado lejos la
represión y de esta forma produjera la pérdida del dominio consciente del
órgano produciendo una sustitución nociva de la represión fracasada, las
perturbaciones neuróticas de la visión son, con respecto a las psicógenas, lo
que en general las neurosis actuales a las psiconeurosis.
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